Foto callejera y encima con película, ¿por qué?

¿Por qué me atrae la fotografía callejera?Pasaje Guitiérrez

Nos gusta mucho ver fotos antiguas porque son una ventana a una época pasada en la que cualquier detalle cotidiano nos choca. Cuando veo las fotos de Vivian Maier o de Bresson o de Winogrand o Stephen Shore veo un mundo que ha cambiado, que es totalmente distinto hoy en día. No son sólo las personas, que ya no existen, sino todos esos pequeños detalles cotidianos.

Por eso me gusta, en parte, la foto callejera, porque es un legado para quien en el futuro vea esas fotos. Dentro de 50 años a un observador le chocará mucho ver un buzón o un parquímetro, ver a gente llenar su coche de combustible líquido e inflamable, leer periódicos o comprar prensa en papel, usar una cabina telefónica… son cosas que para nosotros son cotidianas y no tienen nada de especial llegando incluso a parecer fotos anodinas, pero dentro de 50 años serán muy interesantes hasta el punto de que una foto aburrida de hoy dentro de unas décadas puede ser incluso hilarante.

¿No hay ya demasiadas fotos callejeras en internet?

Hoy en día, sin embargo, hay una saturación de fotografía callejera: todo el mundo tiene una cámara en el bolsillo y cada día hay millones de fotos callejeras que se hacen y se suben a internet. Esto hace que el tema no sea tan interesante y que sólo destaquen esos pocos fotógrafos que tienen esa habilidad especial para captar momentos o gestos o acciones que nos conmueven. Pero este tipo de foto, a pesar de ser intemporal e interesante y, sobre todo, provocar un sentimiento en el observador, no siempre detalla esa vida cotidiana. Muchas fotografías callejeras son de personas, desconocidos o amigos, o de monumentos o calles o plazas. Pero las que me llaman la atención por su valor futuro son las que bajan al detalle cotidiano, a lo anodino que tenemos delante de las narices cada día. Esa es la fotografía que quiero practicar.

VallsurUna ventaja de la fotografía química: no sufre obsolescencia

Al final sí se pueden encontrar fotos de este tipo en internet, entre los millones de fotos que se suben diariamente a la red siempre hay algunas de esta temática. Pero ahí es donde entra la película: ¿qué ventaja tiene? La perdurabilidad más allá de nuestra propia existencia. Si hoy en día encuentras un diskette con fotos de finales de los 90, ¿podrías leerlo? Seguramente tendrías que gastar un dinero importante para comprar una disketera y alguna interface para poder utilizarla en un PC moderno… y eso sin saber siquiera si las fotos del diskette merecerán la pena ser salvadas o si serán simples fotos caseras. En el mundo de la tecnología los soportes digitales tienen una vida muy corta y cuando un formato desaparece, desaparece por completo. Así, las fotos que no se cambien de soporte cada 5-10 años corren el riesgo de no poder ser leídas en el futuro. Hoy ya nadie tiene una disketera, y con los precios y versatilidad de las memorias USB los CD y DVD cada vez son menos usados, y esto seguirá pasando con todos los soportes. Además, los soportes no son infalibles y siempre se puede estropear un disco duro, pisar una memoria USB, contaminar con hongos unos DVD, o quebrar la empresa de almacenamiento de fotos “en la nube”. Sin embargo una foto impresa y un negativo perdurarán siempre salvo catástrofe física.

OtoñoDentro de 50 años mi tataranieto encontrará un DVD y, ¿qué hará con él? ¿buscará un lector de DVD en algún oscuro almacén de material informático vintage? ¿sin siquiera saber lo que hay dentro? Lo dudo. ¿Y si en lugar de un DVD encuentra 20 DVDs y seis discos duros? Dudo que vaya a molestarse en comprar aparatos para leerlos y que vaya a revisarlos enteros. Sin embargo, si mi tataranieto encuentra una caja de zapatos llena de copias y de negativos estará viendo esas fotos directamente, con sus ojos y en sus manos, sin necesidad de hacer arqueología informática. Incluso si quisiera obtener copias, la fotografía química es tan simple y estricta que cualquier estudiante de primer año de Químicas puede producir los químicos necesarios para obtener nuevas ampliaciones, y las leyes ópticas con las que fabricar una ampliadora no es probable que cambien siendo una ampliadora un aparato realmente simple de fabricar con muchos materiales. Y si sólo quisiera ver con comodidad una fotografía de un negativo no tendría más que elegirla mirando al trasluz, fotografiarla con el aparato-toma-imágenes de la época e invertir los colores.

Esta es una de las razones por las que disparo película cuando hago foto callejera; en mi fuero interno hay una chispa de falta de humildad imaginando a un joven del año 2074 que, con mis fotografías en la mano, se maravilla de las ropas de principios de siglo, de los vehículos, los periódicos, los teléfonos, las fruterías, los buzones… porque sólo tendrá que abrir la caja de zapatos y verlas.

¿Plata quemada o bits?Paseo por Valladolid

Hay además algo más místico, más relacionado con los propios sentimientos que me hacen decantarme por la foto química: porque es fotografía real. Cuando hago una foto, la estoy haciendo de verdad: yo elijo la exposición, enfoco como considero oportuno, revelo según mi criterio y positivo tratando de conseguir un objeto final tangible y único, para mi, esto es hacer una fotografía; sin embargo, el proceso digital no es así, puedo exponer y enfocar a mano pero con las ayudas electrónicas al final siempre terminas recurriendo a ellas, y el resultado no es una foto, sino que es una imagen digital, un montón de bits electrónicos que luego trabajas en un PC en un proceso en el que no hay nada tangible, no existe una fotografía sino una representación electrónica, al final no haces fotografía sino que yo lo llamaría más bien tratamiento digital de imágenes. Yo mismo soy desarrollador de software de profesión, y aún recelo de llamar fotografías “reales” a las imágenes digitales. Mi afición es la fotografía, no la imagen digital. Es cierto que una imagen digital se puede imprimir, y a una gran calidad, y así tener algo tangible… pero ese algo tangible no lo he hecho yo, lo ha hecho una máquina. Sí, ambas cosas son al fin y al cabo fotografías, pero unas las siento más que las otras.

Pero lo digital da más calidad y es mucho más sencillo y eficiente

Bicis clásicas en AguilarHay personas a las que les gusta tejer, pintar, cocer barro o tocar un instrumento. Por supuesto que es más eficiente, rápido, barato y posiblemente de más calidad ir al Zara del barrio y comprar un jersey, pero ese jersey es igual a otros miles, mientras que el jersey tejido por ese familiar tiene algo especial, el encanto y la autenticidad de un objeto artesano. Es más eficiente una sartén de aluminio y cerámica producida en masa en China, pero no tiene el toque de una cazuela de barro; una fotografía digital es más detallada que cualquier pintura, pero le falta el toque de artesanía. Tomar una foto digital lo hace cualquiera apretando un botón, pero esa imagen carece de la pasión puesta en una copia química. Normalmente nada artesano es mejor en ningún sentido práctico que su equivalente moderno/electrónico/automático, pero la artesanía se sigue apreciando simplemente por eso, por ser artesanía.

Cada copia es algo absolutamente único

Y por último, una fotografía química es única. Sí, puedes hacer varias copias, pero cada copia es única, es casi imposible hacer dos copias idénticas y aunque lo consiguieses cada copia no deja de ser un objeto físico creado con tus manos de forma física, directa y exclusiva. No es como darle una vez más al botón “Imprimir”, o como marcar la casilla de “Número de copias: 5“; no, con la fotografía química cada copia es un producto único que hay que trabajar cada vez, una por una. Si yo regalo a un familiar o amigo una foto digital mía pues la agradecerá, pero si le regalo una fotografía química no le estoy regalando sólo la imagen en sí, sino que también le estoy regalando el tiempo que he dedicado exclusivamente a generar su copia. No le di a un botón para obtener al momento cinco copias para cinco amigos, sino que con cada amigo dediqué mi tiempo para crear su copia. Y eso, también cuenta.

Y una ventaja mundana

Vespas por la calle

Vespas por la calle

Me queda una última ventaja muy mundana: la inocencia del carrete. Si yo voy por la calle con una cámara digital mucha gente me mira con recelo: «¿no irá este a hacerme una foto y colgarla en internet?» y con razón, porque hoy en día basta apretar un botón para hacer una foto de alguien y que minutos después esté volando por todo el mundo. Sin embargo si me ven con una cámara de hace 30, 40 o 60 años no se sienten tan amenazados, al fin y al cabo cada foto no me sale gratis sino que me cuesta dinero hacerla así que no voy a disparar a lo tonto, y aunque pueda llegar a subir la foto a internet desde luego el proceso no es sólo dar a un botón. Nadie con malas intenciones cargará con una cámara mecánica y varios caros carretes, y yo me beneficio de eso para que un desconocido no se moleste si tomo una foto, o incluso no le importe posar para mi cámara.

Artículo escrito por

Soy Álvaro Remesal, un aficionado a la fotografía, muy novato y con muchas ganas de aprender y divertirme en el camino. En este blog escribo mi día a día con la fotografía química: mis progresos, mis errores, mis descubrimientos... Lo que escribo tiene una intención de divulgación, pero también es una suerte de diario propio de mis avances y de lo que voy probando y aprendiendo.

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