¿Qué he aprendido con la fotografía argéntica?

Hace unos meses inicié mi aventura en la fotografía química. Uno de los propósitos era divertirme, otro aprender. El primero lo he cumplido superando mis expectativas, y el segundo creo que también. No llevo ni medio año metido en este berenjenal, y apenas he revelado ocho carretes, pero hay algunas cosas que ya he aprendido:

Paciencia

Esto es lo primero que aprendes, porque no hay otra opción. En la fotografía química todo va más despacio para la costumbre del mundo digital. Cargar el carrete es un momento, pero hay que hacerlo; si un día haces cinco fotos no puedes llegar a casa y sacarlas el mismo día, debes esperar a terminar el rollo entero; cuando terminas un rollo hay que esperar a la noche para asegurar la oscuridad en el cuarto de baño y, llegado el momento de revelar, hay que preparar el tanque, mezclar los químicos… y esperar aún más, esperar mientras actúan los químicos, mientras se lava, etc; terminado el proceso ya puedes librar el ansia al sacar la película y ver los negativos, pero aún hay que colgarla y dejarla secar unas cuantas horas, para luego pasar al escaneado de cada fotograma, uno a uno.

Así, la paciencia no es que sea una virtud, es que es algo que tan inherente a este tipo de fotografía como el ‘clic’ del obturador. Así, estoy aprendiendo a ser más paciente, a no dejar que me coma el ansia de ver los resultados, la foto ya está hecha y va a seguir hecha mañana.

Pensar más cada foto

En mi actual cámara digital (Olympus E-PL3) suelo llevar una tarjeta de 8GB, y otras tres del mismo tamaño en el bolso así que al final siempre hay alguna situación en la que disparo una docena de fotos para obtener lo que busco, mirando en la pantalla el resultado. No hablo de ráfagas sino del método de prueba-error. Y al llegar a casa me encuentro con la misma foto repetida siete veces, con variaciones de 1/3EV o variaciones de encuadre de unos centímetros.

En fotografía química esto no es posible o al menos no es recomendable, ya que sólo tengo como máximo 36 exposiciones disponibles (o 12 en el caso de cámaras de formato medio) y no puedo ver el resultado al momento en una pantallita. Además, cada foto cuesta dinero, no mucho, pero es dinero. Esto me obliga a no disparar a lo loco, sino a pensar bien cada toma: medir bien la luz, confiando (o no) en el exposímetro de la cámara, tomarme mi tiempo para buscar el encuadre bueno y componer bien, dedicar un momento a pensar qué quiero transmitir con la foto…

Se acabó el disparar fotos por el simple hecho de probar a ver qué sale o qué se me ocurre, ahora me implico más en cada foto no sólo técnicamente sino sobre todo en la forma de pensar y visualizar el resultado que quiero obtener.

Gracias a esto, ahora cuando salgo con la digital aplico esta misma forma de actuar, pensando más cada foto, cuidando más la exposición en lugar de relajarme y tirar varias tomas o confiar en el procesado del RAW. Así que en mi próximo viaje espero no volver con docenas de fotos repetidas.

Sujetar la cámara

Relacionado con lo anterior, el tener un número limitado de fotos y no poder visualizarlas al hacerlas me ha obligado a poner más atención en como sujeto la cámara para evitar trepidaciones. Ahora no puedo ver si una foto quedó trepidada, ni puedo usar el truco de disparar en ráfaga ni, por supuesto, tengo objetivo ni cuerpo estabilizados. Así que para asegurar la foto debo respetar la vieja norma de seguridad (velocidad mínima es la inversa de la focal) y sujetar bien la cámara, pies firmes y asentados, codos al cuerpo, cámara contra la cara…

Medir la luz

Uno se acostumbra rápido a lo cómodo, como la medición de luz automática de las cámaras actuales. Mis dos cámaras de 135 tienen fotómetro (aunque pueden funcionar sin él de forma manual) pero mis dos TLR carecen de él, y yo no tengo un exposímetro de mano, así que toca medir la luz. Para ello utilizo la antigua regla sunny-16, y por ahora estoy viendo lo bien que funciona. Creo que he aprendido a medir bastante bien la luz en EV cuando estoy en exteriores durante el día (soleado, nublado, cubierto, calle en sombra…) pero también me queda mucho por aprender para dominar situaciones menos sencillas (contraluces, árboles y sombras, interiores, nocturnas…)

En todo caso ahora controlo mejor las situaciones de luz, y cuando uso la digital puedo anticipar el ISO o imaginar los valores aproximados de una buena exposición (aunque luego utilice el fotómetro de la cámara, que para eso está).

Enfocar a mano

Aunque llevo años utilizando algunos objetivos manuales en cuerpo digital, las cámaras analógicas me han obligado a asegurar el enfoque. En las telemétricas no es demasiado complicado una vez que le coges el punto, pero en las TLR hay que tener más cuidado, incluso alguna vez he usado la lupa en situaciones difíciles.

El poner más cuidado al enfocar y no tener autofocus me ha llevado, además, a poner más cuidado en otro concepto teórico que ahora aprovecho y disfruto en digital: usar la hiperfocal y jugar con el diafragma para asegurar la profundidad de campo necesaria para no perder la foto por mal enfoque.
Anticipar la salida

Cuando salgo con la digital sólo me preocupo de que tenga batería y una tarjeta puesta, pero con las analógicas es diferente: la batería no me importa ya que puedo funcionar incluso sin pila, pero en contra está que cada rollo tiene un ISO (realmente un ASA/DIN) concreto, y no puedo cambiarlo de una foto a otra.

Así, he aprendido a anticipar cada paseo para decidir qué película llevar, más lenta si es un día soleado o más sensible si llueve o si planeo algo en interiores o en calles estrechas.

Revelar

Por supuesto, estos meses me han servido para aprender a revelar blanco y negro con mis propias manos. Apenas he rascado aún la superficie de las técnicas de revelado, es un mundo inmenso, experimental y muy divertido, así que esto es algo que sigo aprendiendo con cada rollo que meto al tanque.

Artículo escrito por

Soy Álvaro Remesal, un aficionado a la fotografía, muy novato y con muchas ganas de aprender y divertirme en el camino. En este blog escribo mi día a día con la fotografía química: mis progresos, mis errores, mis descubrimientos... Lo que escribo tiene una intención de divulgación, pero también es una suerte de diario propio de mis avances y de lo que voy probando y aprendiendo.

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