Mi primer revelado

Y por fin llegó el momento. Tengo los materiales, los químicos, un rollo expuesto, he leido docenas de manuales y visto decenas de vídeos, consultado en foros… ya sólo queda echarle valor y meterme por primera vez en mi vida al cuarto oscuro. Así, sin red.

Laboratorio en el baño, en el último paso del lavado

Laboratorio en el baño, en el último paso del lavado

Una de las cosas que te enseña la fotografía química es que aquí no existe el botón deshacer, no hay un Ctrl+Z que arregle la última cagada. Aquí, lo que se hace, queda para siempre. Así que antes de entrar al cuarto oscuro he repasado el proceso mentalmente cientos de veces. He practicado durante días con un carrete viejo y sin valor a usar el sacalengüetas y a usar la espiral. He pasado media hora en el cuarto de baño con un folio blanco para confirmar que es totalmente oscuro. Ahora es de noche, para asegurar la oscuridad, y ya no puedo echarme atrás. Llevo todo al cuarto de baño y me dispongo a empezar.

Lo primero, como no, un problema: no consigo sacar la película del chasis con el sacalengüetas; lo intento durante casi una hora y nada, que no sale. Desisto. Unos días más tarde leeré que los carretes Kodak no se llevan bien con los sacalengüetas… genial debut. Como no consigo sacar la lengüeta me armo de valor y de abrechapas y me meto al cuarto oscuro. Allí, bajo una toalla gorda por si aún hay alguna remota luz, procedo a abrir el chasis con más juramentos que maña. Esto es cosa de práctica, me digo.

Ya tengo el carrete de la mano así que, en oscuridad, corto como puedo el principio del rollo, redondeo las puntas y lo encaro en la espiral. Ahora, pienso, es sólo cuestión de darle a la manivela; ojalá fuese tan sencillo, tardé como quince minutos en meter todo el rollo en la espiral, iba despacio, no me hacía al movimiento, se me atascaba y me temblaba todo el cuerpo. Al final lo conseguí, corto el final del rollo y monto todo el tanque, comprobando tres veces que no me he dejado ninguna pieza fuera. Respiro y enciendo la luz.

Aún con el tembleque, me pongo a preparar los líquidos. Esta tarde había etiquetado las probetas con cada químico, su disolución y las medidas, para no dudar ahora. Así que mido los químicos, me paso media hora con el grifo hasta conseguir 20ºC justos y relleno cada probeta mientras me digo que tengo que buscar otro método para ajustar la temperatura. Todo listo para pasar el punto de no retorno. Arranco la aplicación del móvil que me guiará durante todo el proceso, ya con los valores de tiempos introducidos, vierto el revelador y empieza el baile.

Estoy revelando un Kodak TMax-100. R09 1+25 a 20ºC, 5:30 minutos inviertiendo contínuamente el tanque el primer minuto y luego 10 segundos cada minuto. Cuando faltan 15 segundos empiezo a vaciar en una botella de agua vacía. Añado el paro, Argenti 1+19, un minuto de agitación constante, lo vacío y añado el fijador, Argenti RapiFix 1+4, 5 minutos con el mismo patrón de agitado que al revelar. Por último, aplico chorro de agua para lavar un par de minutos y luego uso el método Ilford: llenar, invertir cinco veces, vaciar, llenar, invertir 10 veces, vaciar… y así hasta 30 inversiones, para finalizar con medio minuto de lavado con humectante. Mientras se estaba fijando empiezo a dudar del método de lavado, así que me pongo a correr hacia el PC para buscarlo, carrera al baño para comprobar tiempo, carrera al PC para leer… vaya espectáculo.

Termino de lavar y llega el momento de la verdad: ¿habrá salido algo? ¿funcionaría la cámara? ¿la habré liado durante el proceso de revelado? ¿qué saldrá de aquí? Abro el tanque y saco la espiral, parece que está todo negro, vaya chufa; tiro de la película, empieza a salir y… ¡hay cosas! ¡se ven cosas en la película! No puedo ni imaginar la cara de tonto que se me debió poner. Engancho una pinza en la ducha y el extremo de la película a ella, y la saco entera de la espiral. ¡Sí, se ven cosas! ¡Han salido cosas! Tras la emoción inicial reviso la película: el soporte está transparente, las letras del fabricante se ven nítidas y bien marcadas… el revelado ha sido correcto. Ahora sólo falta que la cámara se haya portado bien y podré decir que ¡he disparado mi primer rollo!

La sensación es indescriptible. Me paso el resto de la noche entrando al baño a mirar los negativos, y en uno de los viajes me doy cuenta de que he hecho todo el proceso con agua de grifo, y que la garrafa de agua destilada está sin abrir… menos mal que en esta ciudad el agua es más bien blanda.

Mi primer carrete revelado

¡Se ven cosas! ¡Han salido cosas!

 

 

 

¡No veo el momento de escanear este rollo!

Artículo escrito por

Soy Álvaro Remesal, un aficionado a la fotografía, muy novato y con muchas ganas de aprender y divertirme en el camino. En este blog escribo mi día a día con la fotografía química: mis progresos, mis errores, mis descubrimientos... Lo que escribo tiene una intención de divulgación, pero también es una suerte de diario propio de mis avances y de lo que voy probando y aprendiendo.

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