¿Por qué disparar en analógico?

Cuando le cuento a algún amigo que estoy volviendo a la fotografía química suelen poner cara de sorpresa y preguntarme: ¿Y por qué en la era digital tú vuelves al pasado? ¿Sólo por llevar la contraria?

Bueno, es cierto que desde siempre he sentido un gusto perverso por llevar la contraria a lo establecido, pero en este caso hay algo más. Creo que para comprender y dominar cualquier técnica, habilidad, tecnología… es necesario aprender las bases antes de ir a lo más avanzado. Y ahora, con cierta experiencia a mis espaldas en fotografía digital y retoque digital, he sentido que el estudiar, practicar y aprender las bases de la fotografía clásica puede ayudarme a mejorar también en la digital. Disparar en analógico creo que me puede enseñar muchas cosas: elegir mejor cada foto, evitar el método “prueba-error”, medir mejor la luz, componer mejor… y, a la vez, es un proceso divertido.

Es obvio que las cámaras actuales tienen tecnologías que ni se soñaban hace unas décadas, pero la fotografía química ofrece algunas ventajas que aún hoy son superiores a las cámaras digitales. Por ejemplo, cualquier película tiene mayor latitud de exposición que el mejor sensor de la cámara digital profesional más cara del mercado, por lo que un negativo es capaz de soportar errores de exposición que dejarían quemada o negra una fotografía digital. Además, la fotografía en blanco y negro es realmente en blanco y negro, no es una foto en color desaturada, y el grano es bello, al contrario que el ruido digital que es… eso, ruido.

Además, la fotografía tradicional tiene otros alicientes más mundanos: el regustillo del hobbie artesanal, las cámaras que casi sirven también como decoración en casa, y la facilidad para encontrar cámaras y objetivos geniales, que en su época fueron equipamiento profesional, a precios ridículos. Tiene parte de coleccionismo, parte de técnica y parte de aprender de los grandes maestros de la historia, usando sus mismas herramientas. Creo que al usar herramientas más simples y sencillas el fotógrafo debe dar más valor a la foto con sus propios medios, sin depender de la tecnología, y así, una vez dominadas las bases, poder exprimir más las tecnologías actuales.

Y sobre todo, tiene una parte divertida y nostálgica. El tacto en la mano de una cámara metálica, pesada y robusta, el ruido al pasar el carrete y al disparar… y es que al final, de lo que se trata, es de divertirnos.

Artículo escrito por

Soy Álvaro Remesal, un aficionado a la fotografía, muy novato y con muchas ganas de aprender y divertirme en el camino. En este blog escribo mi día a día con la fotografía química: mis progresos, mis errores, mis descubrimientos... Lo que escribo tiene una intención de divulgación, pero también es una suerte de diario propio de mis avances y de lo que voy probando y aprendiendo.

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